6 may. 2013

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Llenando el minuto inolvidable con los sesenta segundos que lo recorren

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Cuando cumplí 18 años, mi padre me regaló un libro: "Poemas", de R. Kipling, con prólogo de T.S. Elliot y traducción de Luis Cremades. Visor. Madrid. 1993
 
En la página 121 escribió: "Este poema ha marcado gran parte de mi vida. Siempre lo he tenido como meta, aunque pocas veces conseguido. [...]"

Si
 
Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor
pierde la suya y por ello te culpan,
si puedes confiar en ti cuando de ti todos dudan,
pero admites también sus dudas;
si puedes esperar sin cansarte en la espera,
o ser mentido, no pagues con mentiras,
o ser odiado, no des lugar al odio,
y -aun- no parezcas demasiado bueno, ni demasiado sabio.

Si puedes soñar -y no hacer de los sueños tu maestro,
si puedes pensar -y no hacer de las ideas tu objetivo,
si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre
y tratar de la misma manera a los dos farsantes;
si puedes admitir la verdad que has dicho
engañado por bribones que hacen trampas para tontos.
O mirar las cosas que en tu vida has puesto, rotas,
y agacharte y reconstruirlas con herramientas viejas.

Si puedes arrinconar todas tus victorias
y arriesgarlas por un golpe de suerte,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir nada de lo que has perdido;
si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu turno tiempo después de que se hayan gastado.
Y así resistir cuando no te quede nada
excepto la Voluntad que les dice: «Resistid».
 
Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud,
o pasear con reyes y no perder el sentido común,
si los enemigos y los amigos no pueden herirte,
si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;

si puedes llenar el minuto inolvidable
con los sesenta segundos que lo recorren
.
Tuya es la Tierra y todo lo que en ella habita,
y -lo que es más-, serás Hombre, hijo.
 
Cuando falleció encontramos varias versiones-traducciones de este poema entre los papeles de su mesa de trabajo en su despacho.
 
Días antes de casarme, caminando un día por la ciudad encontré este cuadro con uno de sus párrafos:

 


Al día siguiente me lo trajo el Príncipe como regalo de Boda. Ahora preside mi salón, así que definitivamente es una referencia en mi vida.
 
Siempre que puedo pienso en una acción que me ayude un poco más a alcanzar la meta del poema. Difícil, muy difícil, pero ¿cómo no intentarlo? Un intento, dos intentos, mil intentos, y sigo.
 
No me resisto a intentar llenar el minuto inolvidable con los sesenta segundos que lo recorren.

8 comentarios:

  1. Muy bonito María...lo intentaré yo tb a partir de ahora por tí y por mi querido tío..un beso enorme y suerte en este nuevo proyecto!

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    1. Un besazo enorme prima!!! Muchas gracias por interesarte.

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  2. Me estoy dando un paseo por tu blog y sólo iba a leer por encima, pero no he podido parar hasta terminar de leer esta entrada, me has tocado el corazón y no sé por qué pero se me han saltado las lágrimas, con lo que me gusta leer y creo que jamás he leído nada de Kipling! Tendré que ponerle remedio. Un beso Mery Bloguera!!!

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    1. Vaya... Muy halagador.
      Muchas gracias!!! Me alegro de haberte descubierto algo nuevo. Hoy en día es difícil.
      Bs

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  3. Qué bonito, no había leído esta entrada hasta ahora pero me ha encantado. Tu padre debió ser un hombre fascinante. Y encontrar el cuadro antes de tu boda es como una señal de que todas las piezas encajan.

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    1. Sí, sentí que se acordaba de mí y me enviaba un mensaje de amor. Muy emocionante.
      Bicos!!

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